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Un fuerte, una loma

Un fuerte, una loma

El Fuerte de La Loma, de Puerto Padre, en la provincia cubana de Las Tunas, se levanta en el punto más alto de la ciudad, a 34 metros sobre la superficie del mar, y se hizo en dos etapas: la primera en 1869, con el fin de defender la ciudad por mar y contaba con una batería y dos baluartes, y la segunda en 1875, con el objetivo de defender la ciudad por tierra, por lo que se le agregan dos torreones y un tambor.

Para su edificación se utilizó la técnica del mampuesto, con piedras calizas del lugar, argamasa a partir de una mezcla pútrida de cocoa o cocó, cal viva y elementos aglutinantes como sávila y maguey. Para la cimentación se excavó hasta tierra firme donde se depositaron grandes piedras y a partir de ellas se levantaron los muros de 075 metros de espesor.

En el lateral derecho de la entrada se exhibe la réplica de un plano realizado en 1876 para la toma de Puerto Padre por el Ejército Mambí, más adelante un colgadizo de tejas criollas y madera dura, amueblado a la usanza de la época; en sus torreones se exponen objetos sacados de excavaciones realizadas en años anteriores, armas y documentos de la época.

Dañado durante las guerras de independencia en 1956 el Club Todo por Puerto Padre realizó los primeros esfuerzos por su restauración. En 1987 comienza su restauración pero se detiene  hasta 1996 que se reinician los trabajos por parte del Centro Provincial de Patrimonio de Las y se reinaugura en diciembre de 1999. 

Por su relevancia histórica y arquitectónica como exponente de las construcciones militares edificadas a fines del siglo XIX en el Caribe, en 1981 el Fuerte de la Loma de Puerto Padre se declara Monumento Nacional.

 

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El poeta tiene un nombre

El poeta tiene un nombre

El poeta Antonio Borrego, que vive en la ciudad de Las Tunas, clasifica como uno de los mejores exponentes de la poesía cubana, por una hoja de vida brillante en los versos, que emanan raudos de la pluma de este exponente de las letras.

Nacido en Las Tunas, su ciudad -mi ciudad, a unos 690 kil+ometros al este de La Habana-, en 1962, Tony, como se le conoce en el mundo de la poesía, es licenciado en Dirección Artística de los Medios Audiovisuales, en el Instituto Superior de Arte de La Habana, y miembro de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba.

En su obra se destacan los títulos Doy gracias a Dios de ser ateo, Terrenal, Diapositivas, Juegos lunares, Ruanillo, y Ovejas y demonios, su más reciente creación.

Tony posee una voz de un lirismo estremecedor, que rebasa el límite de emoción de sus lectores. Muchos de sus versos desgarran el alma  -su alma-, y presentan a un sujeto lírico lleno de inquietudes, emociones, alegrías y tristezas, que se trasluce en una vida plena y llena del propio lirismo que lleva a su poesía.

En la obra de Antonio Borrego se destacan todas las formas de la poesía; sus décimas cabalgan a la sombra de su tiempo, mientras el soneto y el verso libre anuncian también la grandeza de su pensamiento creador, con una transparencia que va más allá de quien escribe para descarnar al hombre de su tiempo, enamorado eterno de la vida, de su hija, de su esposa, de su canto.

Tony Borrego posee un asombroso dominio de las diferentes estrofas de la poesía, que resulta placentera para quienes la encuentran y la gozan en la eterna espiritualidad del hombre.

Hacia el reino del silencio

Hacia el reino del silencio

En la Feria del Libro de la provincia de Las Tunas, en el oriente de Cuba, se presentó mi libro Hacia el reino del silencio sobre mi recorrido por África, y me limito a publicar las palabras de presentación del colega Raúl Estrada Zamora, en la Casa de la Unión de Periodistas de Cuba.

Amigos:

Como la Unión de Periodistas de Cuba en la provincia de Las Tunas había anunciado, hoy realizaremos un viaje "Hacia el reino del silencio". Por suerte, no necesitaremos visas, ni pasaportes, ni engorrosos trámites aduaneros; ni recorrer enlodados o polvorientos caminos, cualquier día, y a deshora, soportando muy bajas temperaturas o ahogándonos de calor.

No correremos tampoco el riesgo de rompernos la vida desde un precipicio; ni nos acechan el VIH sida, la malaria, el veneno de las víboras o el ataque de otras fieras. Ni siquiera tendremos que alejarnos de nuestras familias y llorar a solas por el hijo que nos aguarda a miles de kilómetros de ausencia, o la madre que se muere cuando estamos tan lejos.

Todo esto, y más, ya lo hicieron por nosotros el realizador de sonido José Luis Blanco, los periodistas Armando Santana Martínez y Miguel Díaz Nápoles, y el fotorreportero Ahmed Velázquez, fallecido en plena juventud y en el momento cumbre de su hacer profesional, y para quien solicito un breve silencio, a modo de homenaje.

Muchas gracias. Sigamos viaje "Hacia el reino del silencio", un conjunto de relatos dolorosos, tiernos, duros, dramáticos, luctuosos, simpáticos o terriblemente conmovedores, todos muy humanos, e hilvanados con un concepto tan alto de la armonía, que provocan en el lector la sensación de encontrarse frente a una inmensa composición fotográfica, en la cual luces y sombras, lo panorámico y los detalles, garantizan un sorprendente equilibrio.

El centro de interés de la obra es la colaboración médica cubana en tierras de África, pero, inevitablemente, quedan a foco las tragedias en que el colonialismo y el capitalismos salvajes han sumido a las naciones subsaharianas, y en especial a sus niños, amenazados, aun antes de nacer, con partir, rápida e inexorablemente "Hacia el reino del silencio", víctimas del hambre, los conflictos armados y diversas enfermedades curables.

Se trata de un libro escrito por Miguel Díaz Nápoles e ilustrado con fotografías tomadas por Ahmed Velázquez durante una breve misión periodística que cumplieron en 2001, junto a José Luis Blanco, Armando Santana y los 154 médicos y paramédicos cubanos ubicados hasta en los más inhóspitos parajes de Ghana. El texto fue editado por la Editorial Pablo de la Torriente, de la Unión de Periodistas de Cuba.

Redactada con lenguaje ágil y ameno, la obra nos lleva de un velorio tradicional a una fiesta, de un día tan triste, como en el que se recibió la noticia de la muerte de la madre de Santana, a un reencuentro con la patria en la distancia, que hace decir a Miguel: "Es bueno estar tan lejos del país y convertir en un pedazo de Cuba cada lugar". 

Abre el lector el libro en una página que desborda alegría por una exitosa intervención quirúrgica, o porque alguien recibió una gratificante noticia desde la añorada Isla, y unos párrafos más adelante todo se vuelve luto, a causa de la muerte de una joven de apenas 20 años, enferma de SIDA y pidiendo ser salvada, o el autor nos reitera que "El niño es el verdadero dolor de África".

O sale uno de la coronación de un rey departamental, relatada con todo lujo de detalles sobre centenarias, desconocidas tradiciones, y a los pocos minutos ya está sumido en la increíble aventura de un niño llamado Louis:

"Louis, pequeño de cinco años, lleva casi dos meses ingresado en el hospital de Ho. No es porque esté enfermo, pues su dolencia ya ha pasado, sino porque sus padres no tienen dinero para pagar los gastos de su atención en el centro asistencial. No podrá salir de ahí hasta que sus progenitores lleguen con el dinero, aunque durante todo este tiempo no han podido reunirlo; por el contrario, la deuda sigue creciendo."

Si cito esos ejemplos, es solo para resaltar el valor humano de esta obra, escrita además con un absoluto dominio de diversas herramientas del lenguaje, como el manejo de los tiempos y los modos verbales, y las personas gramaticales, en busca de darle ritmo, color y movimiento a cada relato.

Estoy convencido de que la publicación de "Hacia el reino del silencio" pone en su justo lugar la heroica labor del personal de salud cubano en decenas de países del mundo, y la abnegación y capacidad de nuestros periodistas para profundizar con profesional altura en las más complejas historias humanas.

Si alguien me preguntara respecto al texto en sí mismo, para ubicarlo dentro de un género determinado: "¿se trata del llamado nuevo periodismo?, ¿es periodismo literario?, ¿es literatura?"; me limitaría a decir: "Es periodismo del bueno".

Y le daría las gracias a Miguel, no solo por este excelente libro, su primer obra escrita, sino además por constituir un ejemplo de superación profesional, desde que ingresó como humilde fotograbador al Periódico 26 y se hizo, fotorreportero, linotipista, chofer y redactor, para luego transitar hacia el radioperiodismo, el periodismo digital, la docencia universitaria, la maestría en Ciencias de la Comunicación, para solo mencionar algunos datos de su abultado currículo.

Debe de ser la conjunción de tan diversos saberes lo que ha permitido que "Hacia el reino del silencio" nos provoque la sensación de estar frente a una magnífica fotografía.

Muchas gracias, Miguel.

Muchas gracias por su presencia, compañeros.

Rosa Miriam Elizalde, del dicho al hecho

Rosa Miriam Elizalde, del dicho al hecho

Rosa Miriam Elizalde acaba de ganar el Premio anual de Periodismo Juan Gualberto Gómez, y como mi pequeño y humilde homenaje a esta gran profesional de la prensa cubana, transcribo lo que anteriormente escribí en mi antigua página personal, cuando al leer uno de sus reportajes comenzó a crecer nuevamente mi admiración por esta periodista, que un día desplacé de mi lista de autores predilectos, no sé exactamente por cuáles razones.

De Rosa Miriam supe por primera vez por José Antonio Martín Pulido, actual vicepresidente primero de la Unión de Periodistas de Cuba, cuando a finales de la década del 80 del pasado siglo, creo que exactamente en 1989, vino a hacer su servicio social como corresponsal del periódico Granma en la oriental provincia de Las Tunas, donde vivo. Rosa era su novia, y graduados del mismo año, habían sido ubicados en el oriente cubano, en el caso de ella como corresponsal del periódico Juventud Rebelde, en la vecina provincia de Holguín.

Yo, que era un bisoño del periodismo en el entonces periódico provincial 26, siempre andaba a la caza de quienes escribían bien, por esas ansias de las buenas plumas, lo que siempre pasa cuando uno comienza en una profesión y busca patrones y otras formas de hacer, y confieso que tanto Martín, como Rosa Miriam, eran plumas que marcaban una etapa diferente en el periodismo cubano, como integrantes de la nueva generación que salía de las universidades de La Habana y de Oriente, donde único se estudiaba la profesión por aquellos tiempos.

Recuerdo los interesantes temas abordados por Rosa Miriam en el periódico de la juventud cubana. Después le perdí el rastro, hasta los inicios del Periodismo digital en Cuba, a finales de los 90 y principio del nuevo milenio, cuando ella ya andaba en este fascinante mundo y yo daba mis primeros pasos con Tiempo21,  que iniciaba su presencia en la Red.

Después, un día, creo que de 2003, en un Diplomado en el Instituto Internacional de Periodismo José Martí, de La Habana, impartió un módulo sobre el mundo digital, y un año después, fue una de las profesoras principales del curso de postgrado Cómo multiplicar la verdad de Cuba en Internet, en la Escuela Superior del Partido Ñico López, también de la capital, donde nació la blogosfera cubana y yo me hice bloguero, y a partir de ahí me ha dado clases muchas veces, siempre en materia de Periodismo digital.

Mas, confieso que de aquella Rosa Miriam que yo conocí por sus escritos de recién graduada, no me quedaba nada más que la imagen lejana, y últimamente la veía más como una teórica del nuevo escenario del periodismo mundial, hasta hoy, que nuevamente me ha impactado con su prosa elegante y sencilla, al extremo, de que nuevamente vuelve a engrosar mi lista de autores predilectos, (desde mi modesta opinión, claro), pero sobre todo, desde su altura como profesional de este oficio, que como dice el Gabo es el mejor del mundo, y por aquello de que en ella si no va ese adagio de que "del dicho al hecho hay un gran trecho", porque es de las que saben decir y hacer.

 

La desaparición de las lenguas

Cuenta el escritor argentino Eduardo Berti que un hombre está gravemente enfermo y pide que le traigan a la cama un diccionario. Lo recorre con la ayuda de un nieto que lo sostiene y lee en voz alta cada palabra de infrecuente empleo. Como se siente morir, no desea dejar el mundo sin haber pronunciado previamente todas las palabras disponibles en su lengua natal.

El relato tiene una enseñanza notable, porque la mitad de las siete mil lenguas que se hablan en el planeta Tierra desaparecerán en este siglo.

Hoy cada dos semanas desaparece un idioma tras morir las últimas personas que lo hablan. Cada dos semanas se extingue un mundo. Si no respiras, no hay aire. Si no caminas, no hay tierra, si no hablas, no hay mundo, alertan los indios navajos, según un artículo publicado en Internet por el medio digital Gara, de España.

De las llamadas lenguas de arriba o dominantes, solo Europa no tiene idiomas en peligro de extinción. De las lenguas de abajo, sólo Bolivia, con sus 37 lenguas y ocho familias lingüísticas, posee el doble de diversidad que toda Europa. De las 154 diferentes lenguas indígenas existentes en Brasil, 36 están amenazadas de extinción inmediata.

No sobran las palabras. El mundo es grande para ellas y es preciso defenderlas.

 

 

El fantasma del Caballo Blanco

El fantasma del Caballo Blanco

Mi abuelo asegura que lo vio.

Fue en una noche clara, por la década del 40 del pasado siglo, cuando se disponía a acostarse y sintió el trote suave, por la polvorienta calle del entonces pequeño pueblo de Las Tunas.

Se asomó a la ventana, y la entreabrió solo un poco, y lo vio pasar lentamente: era el Indio sin cabeza, montado sobre un brioso y bello corcel blanco. Cerró la ventana nervioso. Habrá desgracia, se dijo, y cuando fue a buscar a su mujer, ya el Indio había desaparecido.

Y hubo una desgracia.

Al amanecer de aquel fatídico 12 de julio de 1945, el tren central procedente de La Habana y con destino a Santiago de Cuba, tuvo un problema mecánico en su sistema de frenos y se descarriló a la altura del actual aserrío Libertad, en aquel entonces propiedad de los Lima, una de las más acaudaladas familias del pequeño pueblo de Las Tunas y la desgracia abrazó al pueblo, que se vistió de luto por más de 30 muertos y varios heridos.

Mi abuelo, que fue al lugar del suceso lo dijo bien claro: "Por aquí pasó anoche el Caballo Blanco", y otros muchos reafirmaron el aserto con la confirmación de que también lo habían sentido.

Así la leyenda había pasado de generación a generación y su origen se remontaba a la época de la colonia de España, cuando la hija de un rico español se enamoró de un indio, y el padre mandó a matar al nativo porque nunca aceptaría aquella relación.

Cuentan que cuando los hombres del español esperaron al indio más allá de los alrededores de la casa y lo decapitaron, el padre de la muchacha fue a comprobar el hecho, y solo encontraron sangre en el lugar y otros restos del crimen. Desde entonces, en la imaginación popular el Indio sin cabeza cabalgaba en las noches de luna sobre el bello corcel, siempre anunciando una desgracia, y la leyenda se convirtió en patrimonio de la ciudad, como un elemento más bien folclórico.

Claro que sin en realidad mi abuelo hubiese visto al Indio no podría haber contado el cuento, porque la propia leyenda aseguraba que quien lo viera perecía de inmediato. Solo así las personas aseguraban que lo sentían cuando pasaban algunos de los muchos jinetes por las calles del entonces pueblo de campo, mucho más cuando sucedía una desgracia como la de 1945.

Aun hoy, cuando las nuevas generaciones conocen muy poco la leyenda del Indio sin cabeza, esta constituye un elemento de identidad de la cultura de este pueblo, y como leyenda al fin, todavía puede existir en la mente de personas como mi abuelo que a pesar de haberlo visto o sentido, siguen haciendo el cuento.

Milena Recio, la palabra conjugada

Milena Recio, la palabra conjugada

Andando por la Red en busca un trabajo que escribí sobre Periodismo digital, tuve la dicha de encontrarme con el blog Enlaces, de la profesora Milena Recio, en el que aparece una entrevista que le hice como experta cuando preparaba mi tesis de Maestría sobre Los paradigmas de la comunicación para Internet en la prensa digital cubana.

Fue una sorpresa muy agradable, sobre todo por tres razones: por encontrarme en la Red con una de mis profesoras preferidas, porque el texto íntegro de preguntas y respuestas me llevó nuevamente a aquel tema apasionado de mi investigación que me daba y me quitaba el sueño, y porque encontré un pretexto para escribir sobre esta joven apasionada, que enseña todo lo que sabe (y sabe mucho) sobre el Periodismo digital, en clases que uno siempre recuerda.

De Milena supe por primera vez en mis estudios sobre el Periodismo digital, aunque no sé precisar el año. Sabía que era profesora de la Facultad de Comunicación Social de la Universidad de La Habana, y cada vez que se hablaba de tan apasionante mundo, salía a relucir su nombre, como una de las estudiosas jóvenes más prometedoras en este nuevo medio.

La primera vez que la vi personalmente fue en un Festival de la Prensa Escrita, en La Habana, creo que en 2007. Ella era parte de los especialistas que guiaban los debates sobre Periodismo y pude admirarla de cerca y conocer a aquella joven fascinante por sus conocimientos y por su forma de hablar de un tema que te atrapa.

Mas, el clímax llegó en 2008, cuando tuve la posibilidad -única para mí- de ser su alumno en un Diplomado del Instituto Internacional de Periodismo José Martí, espacio que me permitió intercambiar con ella, pero sobre todo de nutrirme de todo su caudal de conocimientos sobre un medio nuevo, e incierto aún para muchos profesionales de la prensa.

Por aquel entonces yo cursaba ya la Maestría en Ciencias de la Comunicación, mención Periodismo, y por supuesto que mi tema de investigación era sobre el mundo del Periodismo digital, pero tenía tanta inseguridad en lo que iba a investigar que el tema lo había cambiado dos veces, y fue precisamente Milena la que me hizo encontrar el verdadero camino cuando me impartió la conferencia Periodismo digital ¿un nuevo periodismo? Encargo social, modos de hacer, los profesionales y los públicos. Géneros periodísticos en Internet y Servicios informativos de valor agregado, con el cual me llevó al análisis de los paradigmas en la prensa digital cubana. Al final de aquel curso, tuve la posibilidad de obtener el libro de Milena titulado Periodismo digital: el límite de lo posible, su tesis de Maestría, que me entregó con esta dedicatoria: "Miguel, esa mente brillante... Qué decirte. Ojalá lo disfrutes. Nos vemos en Las Tunas" (marzo de 2008). ¡Y sí que lo he disfrutado!

Luis Sexto: monarca de las letras

Luis Sexto: monarca de las letras

A Luis Sexto lo conozco desde que comencé en el periodismo, allá por los años 80 del pasado siglo. En aquel entonces, aunque nunca lo había visto personalmente, me llamaba la atención la brillantez de su escritura, y la forma en que llevaba al lector hasta donde él quería, pero había algo que me disgustaba en sus textos, a lo cual nunca le encontré explicación.

La explicación quizás estaba en que en mis comienzos lo encontraba demasiado brillante al compararlo conmigo, o en que mostraba cierto aire de vanidad cuando escribía, o en que creía que se las sabía todas en la profesión, o...

Sabía por quienes lo conocían de cerca y por los más viejos colegas, que era uno de los periodistas más querido y odiado al mismo tiempo, lo que le daba cierto aire de misticismo, porque como dice mi amigo Machado Conte, lo importante es que de uno hablen, mal o bien, pero que hablen, porque la indiferencia es decepcionante.

Así pasó el tiempo, y un día cualquiera de 2003, cuando cursaba un Diplomado en el Instituto Internacional de Periodismo José Martí, Sexto era el profesor de Periodismo literario, y como yo andaba con mis prejuicios infundados y de causas desconocidas, pues no miraba bien a aquel hombrecito de tamaño, que hablaba demasiado bien del tema, y en una fría mañana, aproveché un análisis suyo sobre un reportaje de una colega dominicana en el que se evaluaba la narración para mostrarle mi desacuerdo con su análisis, un poco porque en verdad no compartía su criterio y un poco para encarar su probado talento dentro del gremio.

Sé, (por lo menos es lo que percibí) que a él no le cayó muy bien aquella discusión profesional, y a partir de ahí nuestro trato era distanciado -en mi apreciación, claro- durante toda la semana que duró su curso. Mas a mí lo que más me importaba era haber rebatido la opinión a uno de los grandes del periodismo, lo cual después consideré como una chiquillada llena de superficialidad.

Después, otro día cualquiera de 2007, Sexto vino a Las Tunas, la ciudad donde vivo, (unos 690 kilómetros al este de La Habana) a presentar un texto que acababa de escribir, y lo entrevisté  para un programa radial que hago los domingos, y cuyo título es Atrapando Espacios, y cuando terminé, pasé de forma irremediable al bando de los que lo quieren, porque me di cuenta en poco más de 30 minutos de conversación, de que en verdad estaba en presencia de uno de los grandes de las letras cubanas.

Por eso hoy, cuando leo las brillantes crónicas de Luis Sexto, Premio Nacional de Periodismo José Martí por la obra de toda la vida, pues me siento reconfortado, feliz y satisfecho por contarme entre los amigos de este maestro del gremio periodístico en Cuba.

El fantasma de Ahoga-pollos

El fantasma de Ahoga-pollos

Cuentan que en la antigua ciudad de Las Tunas de Bayamo, como se llamó a la histórica ciudad de Cueybá, actual ciudad de Las Tunas, en una noche oscura, cuando el cielo mostraba su negrura en amenaza de intensa lluvia y solo los relámpagos cortaban las tinieblas de la noche, una de las casas mas aisladas notó que a la vuelta de la confluencia del río Hormiguero con el Ahoga-Pollos aparecía y desaparecía lentamente una pequeña luz rojiza, que se alzaba y bajaba en forma tal que una mujer creyó que la tal luz bajaba y subía desde el cielo.

Se santiguó cristianamente y cerró su puerta, y apagó de un soplo la primitiva candileja de hojalata alimentada con aceite de carbón.

Pero la buena mujer no podía conciliar el sueño y desde su lecho seguía viendo aquella luz, a través de las rendijas que abundaban en el techo de su casa.

Para ella era con toda seguridad un espíritu de algún muerto que andaba en pena recorriendo los lugares en que cometiera sus pecados y fechorías.  Cuando llegó el marido a media noche la mujer refirió el raro acontecimiento, y añadió que había visto que la luz salía del campo santo y que se elevaba hasta perderse en el cielo.

A la mañana siguiente, después de una noche de insomnio y de terror, marido y mujer se encargaron de llevar la noticia a todas las casas de los vecinos y alguno hubo que sin haber visto nada aseguró que él también había observado la luz y que sin duda era una cosa mala y que había que alejar.

La luz continuaba apareciendo en las noches oscuras, siempre en el mismo sitio y llevando la misma dirección. La fantasía popular llegó a hacer de la luz algo como una cosa extraordinaria. El terror se había apoderado de los vecinos que al cerrar la noche se encerraban en sus casas, pero alguno que otro de vez en vez se asomaba con discreción y miraba con recelo hacía la dirección en que aparecía la misteriosa luz.

Sin embargo a pesar del miedo que dominaba a todos hubo uno que se atrevió a disparar un escopetazo al misterioso fantasma, que al sentir cerca los disparos se perdió como por arte de magia entre los maniguales cercanos y no volvió en muchas semanas a hacer su aparición.

Pero los comentarios continuaron y entonces se hablaba de cierta doncella que sin miedo a las apariciones solía salir en noches más oscuras y estar ausente de casas hasta horas muy altas de la noche.

La razón se impuso al fin y una pareja de jóvenes decididos se dispuso hacer fin a la terrorífica aparición. Cuando el fantasma apareció al lado del cementerio el mozo emboscado salió machete en mano y le puso en precipitada fuga mientras dejaba caer una vela encendida que llevaba y descubrió a la pareja de amantes que salía sin miedo a los muertos a platicar con las estrellas en el seno seguro y pasible de la manigua criolla.

Un libro, un árbol, un hijo

Un libro, un árbol, un hijo

Dicen que fue el Héroe Nacional de Cuba José Martí quien lo dijo: para ser hombre, hay que sembrar un árbol, tener un hijo y escribir un libro, aunque hace unos días un colega me aseguró que el más universal de los cubanos nunca dijo eso.

Lo cierto es que desde que tengo uso de razón siempre he escuchado esa supuesta sentencia martiana en boca de muchas personas, y aun cuando no lo haya dicho en su extensa y abarcadora obra, lo tomo como mío, por el simple hecho de que siempre me he vanagloriado de que soy un hombre por esas tres razones, y ahora crece mi estatura porque el libro que terminé de escribir en 2002, unos meses después de mi regreso de África está publicado por la Editorial Pablo de la Torriente Brau, de la Unión de Periodistas de Cuba.

Ha sido una emoción inmensa el que ese texto salido de mí viera la luz y llegara a mis manos. Y aun cuando no ha sido presentado ni comercializado, sé que existe, que el recorrido por el África subsahariana de cuatro periodistas cubanos (de tantos y tantos) está en tinta y papel para la posteridad, y más que eso, que las bellas historias de vida de los médicos cubanos que en 2000-2001 entregaron lo mejor de su existencia por la causa de los más pobres de Ghana, una de las naciones más empobrecidas del olvidado continente, están ahí, para que sean conocidas y aquilatadas por los lectores.

De un tirón he vuelto a leer sus 110 páginas y he vivido con intensidad aquellos meses en que recorrimos un país en el que Cuba cabe tres veces, siempre en transporte público, en las más intrincadas zonas de la selva africana, en busca del galeno que protagonizaba historias excepcionales por la grandeza de su gesto.

Y me he visto nuevamente junto a Armando Santana, periodista de Ciego de Ávila, José Luis Blanco, sonidista de Guantánamo y el más entrañable de todos: mi desaparecido amigo y fotorreportero Ahmed Velázquez, a quien la muerte le jugó una mala pasada en 2004 y nos lo arrebató cuando solo tenía 39 años y su labor profesional andaba por las nubes en Granma Internacional y Granma Nacional.

Otra vez he vivido la intensidad de aquel recorrido iniciado en la noche del 29 de junio del 2001, cuando salimos hacia Europa y después de tres días de escala en París y Londres, viajamos a Ghana, con el objetivo de darle cobertura informativa para la prensa plana, radial y digital a la labor de los 154 integrantes del Programa Integral de Salud que trabajan en ese país del África subsahariana.

En mi nota necesaria escribí algo que sin ninguna experiencia en este tipo de labor, ni haber salido antes de Cuba, marchamos hacia ese continente como quien parte hacia una aventura a la que ya se está acostumbrado, con el único conocimiento sobre África que el leído en los libros o conocido por las noticias, pero sin una conciencia real de lo que en verdad son esas tierras rojas que cautivan y agreden, que marcan para siempre a quienes las visitan, lo cual llegamos a saber sobre la marcha, cuando vivimos la terrible pobreza y vimos morir a niños por enfermedades curables.

En Ghana estuvimos con los médicos por donde nadie pasa o llega, en lo más intrincado de la selva, en constante lucha contra la hostilidad del medio ambiente, en un peligroso enfrentamiento contra la tuberculosis y el SIDA, enfermedades empeñadas en hacer desaparecer a la población de este continente.

Estoy seguro de que en otras partes del mundo también los profesionales cubanos hacen grandes hazañas; pero África es diferente, porque incluso la pobreza, el medio y la idiosincrasia son diferentes, lo que hace mayor la proeza de hombres y mujeres de todas las edades que, como los 154 que hoy laboran en Ghana, están regados por este continente, silencioso o silenciado, llenando de amor cada hospital y comunidad, rompiendo con su simiente el silencio de la tierra roja.

Estoy como un muchacho con un juguete nuevo, pero más allá, me siento contento como profesional y como persona, porque el hijo engendrado acaba de nacer. Y eso me enaltece.

El invento de traspasar las fronteras

El invento de traspasar las fronteras

Muchas veces, cuando me siento frente a la máquina y me asombro una vez más de las posibilidades que nos brindan las comunicaciones de hoy, pienso en mi amigo y periodista Ubiquel Arévalo, que murió hace 21 años sin conocer estas nuevas herramientas y lo imagino con su talento en este mundo donde las fronteras ya no son un impedimento para conversar con cualquiera donde quiera que esté y en la fascinación que hubiese experimentado con estos nuevos inventos.

Y lo digo porque con las redes sociales la gente está al alcance de un clic, y con facebook, por ejemplo, uno encuentra a amigos que les perdió el rastro hace muchísimos años, y ahora aparecen para alegrarte la vida, para  

recordarte que un día uno fue estudiante, y niño y adolescente, y que pertenece a una generación que marcó época con la música de Los Beatles, The Rolling Stone, Los Mustang, Los Bravos, Led Zeppelin, Aguas Claras...

Así, hoy me he encontrado con Ángel Luis Sánchez, compañero de aula en séptimo grado, cuando allá por la ya lejana década de los 70 del pasado siglo, estudiábamos en la secundaria básica Wenceslao Rivero, una de las dos escuelas más emblemáticas de su tipo en la ciudad de Las Tunas, al oriente de Cuba, junto a su eterna rival: la secundaria Cucalambé.

Ángel Luis era un muchacho flaco y cabezón -por lo menos así lo recuerdo- y tan inteligente que muchos lo teníamos como un genio, sobre todo aquellos que éramos pésimos en Matemática, porque tenía tanta destreza para las ciencias, que para él resolver una ecuación matemática de aquella profesora de cuyo nombre no quiero acodarme, era como tomarse un vaso de agua fría.

Yo no recuerdo si era un amante de las ciencias como de la música, porque en verdad era inteligente en todas las materias, pero parece que sí, porque después estudió Ingeniería Química en la Universidad de Oriente, y se hizo músico y creo que formó parte del emblemático grupo Los Surik, hasta que un día decidió hacer vida fuera de Cuba y marchó a los Estados Unidos.

Y hoy me ha enviado a través de su hermana Ana este mensaje por facebook: "Oiga, mire que yo le envidiaba aquel pelito rubio, bien lacio que usted se peinaba con una raya cuando estábamos en 7mo grado en Wenceslao Rivero....pero bien , ahora el brillo del sol se nos ve mejor......Saludos en este nuevo 2011".

Por supuesto que en su expresión me demuestra que sigue siendo genio y no solo para las ciencias, pues esa imagen que me ofrece para decirme que estamos faltos de pelos -en su caso porque en el mío ya casi no me queda nada- habla por si sola de su inteligencia, y porque hace alusión a mi eterna manía de parecerme a Los Beatles con mi pelo siempre largo aun cuando estaba prohibido en la escuela, y porque su pelo era más ensortijado, digamos, y no podía dejarlo tan largo como el mío.

Cuando busqué sus fotos pensando encontrarme a mi compañero de estudios me percaté entonces de que el tiempo ha pasado, y que dejó atrás aquella figura flaca para pesar unas 200 libras según dice, aunque en el fondo sigue siendo el mismo tipo ocurrente de la década del 70.

Después Ángel Luis me envía otro mensaje menos publicable por su locura al hablar y se lamenta de no contar con la suficiente memoria gráfica para demostrar que una vez tuvimos pelo, porque nuestra generación creció sin las posibilidades de la fotografía de hoy, cuando la imagen digital es una explosión y cualquiera deja el testimonio de su época. Y termina así su mensaje:

"Sed abrazado por este niño flaco, que aún tiene aquellos diez o doce anos, aunque esté atrapado en un envase calvo y barrigón de unas 200+3 libras..."

Nada, que he comenzado el 2011 con la sorpresa de encontrarme a un buen amigo que hace su vida en otro lugar, pero con muchas de las nostalgias de nuestra época de adolescentes y jóvenes, cuando nos las pasábamos enamorando muchachas, asistiendo a fiestas de 15 años, cantando Yestarday, o El llanto de mi guitarra, o La Balada de john y Yoko, o haciendo "pininos" algunos para por lo menos aprobar Matemática, mientras otros, como Ángel Luis, decían que eso era pan comido y ni asomaban sus ojos a los ejercicios dejados por aquella profesora cuyo nombre no quiero recordar.

 

 

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El 2011 y la velocidad del tiempo

El 2011 y la velocidad del tiempo

Ya estamos en el año 11 del nuevo milenio, y la vida corre a una velocidad extraordinaria. Y hoy, cuando comienza la nueva etapa, surgen los sueños y las esperanzas de las personas, donde quiera que vivan, y piden y aspiran a cumplir nuevas metas personales y profesionales.

Por supuesto, que siempre al terminar un año, la gente repasa lo vivido en los 12 meses anteriores, y aunque sea mentalmente miran hacia atrás, hacia lo bueno y hacia lo malo. En mi caso, casi todo lo que me pasó en 2010 fue bueno, con excepción de la pérdida de mi amigo Alexis Pérez Sánchez, El Gordo, y alguna que otra escaramuza, pero lo bueno se impuso porque en lo personal mis hijos siguen bien encaminados: Maikel, el mayor en su trabajo como docente y José Alberto, el pequeño, en sus estudios de Medicina; María, mi esposa, en su labor dentro de la Psicología y mis padres y hermanos también gozan de salud, que es lo más importante.

En mi labor profesional fue un año magnífico. Fue una etapa llena de superación en el periodismo digital, y mis labores como realizador de radio y vídeo, aunque en lo radial tengo insatisfacciones, o más bien deudas, porque no he podido enrumbar los documentales que quiero y necesito, un asignatura pendiente para este año. Y en la realización en imágenes en movimiento acabo de dirigir un video clip al trovador insigne de mi provincia: Norge Batista, y aunque todavía estamos en proceso de edición y montaje, la obra va quedando como Dios manda, como decimos por acá, y ha superado mis propias expectativas.

También vio la luz mi libro Hacia el reino del silencio, de mi recorrido por el África subsahariana, que me hizo vivir nuevamente aquella aventura por el gran continente del sur.

Como docente he tenido un año bueno porque me he mantenido con el mismo grupo del curso regular de Comunicación Social en la Universidad de Las Tunas, mi provincia, al que le impartí Comunicación Visual durante todo el segundo año, y ahora le imparto Comunicación Audiovisual en el primer semestre del tercer año, y le impartiré Comunicación y Multimedia a partir de febrero, y estoy contento porque es un grupo de talentosos estudiantes (18 hembras y un solo varón), que no se limitan solo a recibir el contenido, sino que son activos en las discusiones en clases, y eso me reconforta.

Al mirar hacia delante son muchas las metas y los sueños. Trabajar mucho es mi meta suprema y sueño con el mejoramiento de mi país, con el perfeccionamiento de mi sociedad, que es decir la vida de esta Cuba sin la que no sé vivir, porque necesito sentirla mía, que me absorba en todo y para todo. Y también espero que este año pueda ver a amigos y familiares que hoy viven en otros lugares y a quienes hace tiempo solo tengo por la magia de la comunicación. Un buen abrazo y horas de conversación sé que nos vendría bien, y será en este 2011.

Las Tunas pierde a uno de sus mejores hijos

Las Tunas pierde a uno de sus mejores hijos

El arte está de luto. Ha muerto Armando Hechavarría, uno de los más grandes escultores de mi tierra, y con su fallecimiento la ciudad de Las Tunas pierde a uno de sus mejores hijos. Con 63 años de edad Armando le dijo adiós a la vida, y termina así su fecunda existencia, parte de la cual fue decisiva para iniciar y consolidar el movimiento escultórico de la ciudad de Las Tunas, denominada Capital de la escultura cubana. Las Tunas llora hoy a uno de sus más ilustres hijos y el Comité provincial de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC) pierde a uno de sus vicepresidentes, y el arte en general a uno de sus mejores creadores. Por suerte, Armando perdurará en la historia de mi provincia, porque sus esculturas son imperecederas, el movimiento escultórico que él comenzó es cada vez más fuerte, y sus amigos, compañeros y las nuevas generaciones seguirán viendo en él al guía que siempre fue, como una forma continua de rendirle homenaje a su memoria. En lo personal, se marcha un amigo, un hombre con una sabiduría natural, no solo en el arte, sino en la vida, y todos los que lo conocimos haremos posible la inmortalidad de su vida y de su obra.

En el cielo de este mundo

En el cielo de este mundo

"En Haití todos los días de la semana parecen iguales. Este domingo abrí los ojos, y por esas raras sensaciones que nos acompañan al despertar pensé que estaba en mi Cuba. En solo cuestión de segundos planifiqué el día: leeré un rato, veré un poco de televisión, desayunaré tarde... De repente, escuché un ruido, y una tras otra volvieron las imágenes horrendas. Sigo en Haití, me dije, mis pies siguen pisando el infierno de este mundo..."
Así comenzó Leticia Martínez Hernández su paso hacia el cielo del periodismo cubano, cuando el 18 de enero de 2010, escribía su primera crónica para el diario cubano Granma, su diario, sobre el desastre dejado por el terremoto que el 10 de ese mes había devastado a Haití, y que bautizó como una sección bajo el título de El infierno de este mundo.
Ahora confieso que cuando encontré esa crónica inicial, a primera vista el titulo de la sección me resultó chocante, por lo que encierra esa palabra y porque en mi primera percepción sumía más a Haití en el desastre humano que ha vivido su pueblo durante muchos años, y porque el pueblo haitiano tiene valores que nada tienen que ver con el infierno, pero a medida que iba leyendo yo también iba entrando en en las tinieblas dejadas por el desastre y narrado magistralmente por Leticia y cuando terminé aquella primera lectura no tenía duda de que yo había visitado El infierno de este mundo.
También, por esa primera impresión que marca a los humanos, pensé que estaba en presencia de una periodista hecha por el oficio, con varios años de experiencia, no solo por la belleza de su prosa, sino por la madurez que mostraba ante la vivencia de un hecho terrible para
Esta foto la tomé de facebook, y no sé si fue antes o después de Haití, pero lo que sí sé es que muestra la belleza de esta joven llena de ternura y bondad.
cualquiera y cada día esperaba con ansias el diario para vivir junto a su autora los difíciles momentos del pueblo haitiano, porque narraba tan bellamente un hecho terrible, que transportaba al lector hasta los lugares que su equipo periodístico recorría entre muertes y desgracias humanas.
Y así pasaron unos días, disfrutando hasta la saciedad aquellas crónicas, quizás por eso de que los periodistas siempre estamos a la caza de buenos textos, hasta que un día leí una entrevista a Leticia en el diario Juventud Rebelde y cual fue mi asombro al descubrir que la autora de aquella bella prosa solo tenía 25 años, cuando escribía como toda una consagrada de tan difícil profesión, lo cual me agradó inmensamente, porque una vez más comprobaba que los jóvenes periodistas de hoy están mucho mejor formados que los que llevamos varios años en la profesión.
Así pasó el tiempo y supe que Leticia regresaba de su misión, y hace solo unos días la encontré en facebook, esa red social que nos permite acercarnos a personas a veces inasibles y vibré de emoción cuando me aceptó como su amigo y conversamos a través de la red, porque descubrí -nuevamente- que su belleza espiritual -y física por supuesto- no era exclusiva de su prosa periodística, sino de su comunicación interpersonal.
Respondiendo a su primer mensaje le escribí algo así: "...créeme también que gozo de emoción por ser tu amigo. Regalo de la vida. ¡Al fin una buena que vale por mil!, bueno en verdad la segunda buena porque antes fueron tus crónicas desde Haití. Solo de un alma como la tuya pueden salir imágenes tan deliciosas. ¡Qué manera de disfrutarlas!"
Por eso ahora he tenido el atrevimiento de escribir sobre Leticia -sin su permiso- y a través de mi humilde visión ofrecer la dimensión de esta muchacha que con solo 25 años y con un camino largo por andar, se ha acercado de un tirón al cielo de este mundo, por sus excepcionales condiciones humanas y profesionales.

El tiempo pasa y nos vamos poniendo viejos

El tiempo pasa y nos vamos poniendo viejos

Un día como hoy, hace 30 años, nació mi hijo mayor Maikel, precisamente a la hora en que comienzo a escribir estas líneas.
Recuerdo que era un día frío, en el que María, mi esposa, llevaba varias horas en trabajo de parto, y yo, junto a Paquita, mi suegra, no me separaba de las áreas de espera de los salones de parto del hospital provincial Ernesto Guevara, recién estrenado solo unos seis meses antes de aquel 9 de enero de 1981.

La tensión era enorme, tanto por el tiempo que hacía del ingreso como por la extraña y agradable sensación que uno experimenta cuando va a tener el primer hijo. Yo apenas con 24 años había pasado buena parte del embarazo de María sin una conciencia sólida de que iba a ser padre, y solo unos días antes cuando una vecina me había felicitado por el niño que venía fue que me detuve a pensar: yo, padre.

Y así, esperaba y esperaba, con la convicción de que mi primer hijo iba a ser varón (en aquel tiempo no existía aún el ultrasonido que hoy descubre el sexo a los cinco meses) y en mi familia y en la de María había deseos divididos, pero yo, firmemente, creía que iba a ser macho, aunque con la duda que solo se aclararía cuando la criatura naciera.

Así, cuando a las 6:35 de aquella tarde extremadamente fría mi primogénito dio su primer grito al mundo yo di otro con él: ¡machoooooooooo! y salté de alegría y me abrazaba a Paquita, mi suegra, y lloramos de alegría, hasta que una enfermera me trajo a mi pequeño hijo envuelto en un paño verde, y le di un beso en aquella cabecita, pero él, como si no se diera por enterado, ni abrió los ojos para saludarme.

Después, cuando fue creciendo, siempre andaba conmigo porque no tuvo a su hermano Jose Alberto hasta nueve años más tarde, y queriendo seguir los pasos de su padre no me perdía ni pie ni pisaba, y aquello a mí me enorgullecía inmensamente.

Hoy han pasado 30 años de aquel hecho feliz. Y Maikel es un joven de bien, como siempre lo soñé y por lo que siempre luché, es profesor de Química y me siento orgulloso de él porque a buen hijo no hay quien le gane, al igual que su hermano.

Nada, que aun cuando me siento muy joven no puedo dejar de pensar en el título de esta crónica, que no es más que una frase de una popular canción de Pablo Milanés: "El tiempo pasa, nos vamos poniendo viejos, y el amor no lo venero como ayer", aunque yo sigo viendo a mis hijos como el día en que nacieron.

 

Un diplomado inolvidable

Un diplomado inolvidable

Hace solo unos días me he diplomado nuevamente en el Instituto Internacional de Periodismo José Martí, de La Habana, esta vez en mi especialidad, el periodismo digital.

Fue un diplomado de varios meses, en el que los estudiantes tuvimos que vencer varios cursos, relacionados con el periodismo y la comunicación, el diseño de interfaz, la gestión de información, las herramientas para la Web, la redacción para Internet, y otros.

El conocimiento adquirido siempre es muy importante, pero para mí, lo que más me satisfizo fue el encuentro con colegas de todo el país, y el intercambio de opiniones, y sobre todo, el poder contar con nuevos blogeros, pues el examen final fue la presentación y defensa de una página personal.

Yo, que llevo varios años como blogero (desde el 2004), aprendí mucho con quienes por primera vez entraron en este fascinante mundo, y con otros que tienen más experiencia en estos menesteres, y pude apreciar interesantes temas para llevarlos a las páginas personales, y comprendí, una vez más, que el conocimiento y las ganas de hacer son infinitos.

Y ahí está Mayra, que hace un blog bellísimo e interesante sobre su hijo Marcelo, un chico con una inteligencia precoz, o Dania, que habla de sus miedos y los de otras personas, o Inda, ese fotógrafo audaz que nos regala sus imágenes en su bitácora; o Félix, con sus cuentos sobre Guantánamo, su ciudad natal; o Sabdiel, que nos regala pasajes de su Cienfuegos, o...

Nada, que experiencias como esta llena a uno de esperanza y sabiduría, de alegría y ganas de seguir, porque se conoce de primera mano que en mi profesión siempre hay gente de vanguardia, que disfruta cada día su trabajo, su quehacer cotidiano, alejado de toda rutina.

Un día especial para los niños de mi país

Un día especial para los niños de mi país

Las Tunas.- Verónica ha estado de fiesta hoy, cuando se ha celebrado el Día de los niños en toda Cuba. Y como ella, miles de pequeños han disfrutado de una fiesta gigante, en la que cientos de espacios se multiplicaron para homenajear al tesoro más preciado de mi país.

Y es que cuando los niños están bien todo lo demás anda mejor. Eso lo aprendí desde pequeño, cuando leía al Héroe Nacional de Cuba, José Martí, quien con su fina sensibilidad aseguraba que "los niños son la esperanza del mundo".

Por eso a lo largo y ancho de mi bella Cuba ha reinado la alegría, y pequeños como la Verónica de mi foto se han divertido en compañía de sus padres y de sus amiguitos, en el caso de los de mayor edad.

Las ciudades y campos, los parques infantiles y las plazas, los barrios, se han vestido de pequeños. La risa ha soltado sus alas y los juegos se han apoderado del instante preciso, oportuno, único, como corre la vida en un país libre, cual solamente puede ser libre, al decir del poeta.

No obstante, siempre asoma un vestigio de tristeza en contraste con los miles de niños que mueren diariamente en el mundo por enfermedades curables, por el hambre que los azota. Y entonces se puede aquilatar mejor la grandeza de nuestra obra, esa que es paradigmática, porque alumbra para todos, como el Sol.

Las verdades reales son los hechos

Las verdades reales son los hechos

Calumniar a Fidel Castro de una forma burda y canallesca ha indignado al pueblo de Cuba.

Ya la administración de George W. Bush no sabe qué hacer para tratar de desacreditar a un hombre que les duele, al decir de la científica cubana Concepción Campa, y que sin embargo, para los hombres y mujeres de fe en el mundo sigue creciendo como un símbolo contra el que se desmoronan todas las mentiras de quienes no pueden ocultar los notables y molestos rasgos de la impotencia.

Ya no saben qué decir ni qué inventar. Y ahora blasfeman a través del libelo Forbes, que se presta al juego sucio de Bush, para calumniar a los cuatro vientos que el Presidente de Cuba ocupa el séptimo lugar entre los mandatarios más ricos del mundo.

¿Por qué no lo prueban? ¿No tienen ahora la oportunidad de salir de Fidel si encuentran una cuenta del Comandante en Jefe en cualquier banco del mundo? ¿Por qué no aceptan el nuevo reto que les ha impuesto Fidel, quien está decidido a renunciar a su cargo si le muestran una sola prueba?

Mentiras y más mentiras, calumnias y más calumnias. Solo eso, porque no tienen para más.

¿Cómo arremeter con esa desfachatez contra el hombre más honesto del mundo, que ha sabido renunciar a su vida personal para luchar por el bien de su pueblo y de los pueblos pobres y oprimidos del planeta?

Sencillamente eso solo cabe en la mente de quienes no encuentran una sola forma de vencer a tan difícil -y por demás invencible- adversario.

Eusebio Leal, el historiador de la Ciudad de La Habana, en una bella crónica oral, ha resaltado el ejemplo de Fidel Castro, con hechos hasta ahora desconocidos por su pueblo, que colocan -una vez más- en lo más alto al Líder de la Revolución Cubana.

El historiador ha narrado pasajes de la vida de Fidel, desde que siendo muy joven empeñaba sus pertenencias personales para obtener fondos para la lucha contra la tiranía del dictador Fulgencio Batista, sin pedirle nada a nadie, y con el mayor de los sacrificios.

Más de 11 mil 860 regalos de incalculable valor recibidos por Fidel, procedentes de 133 países, fueron donados por él a los museos de la Isla, como una muestra más del desprendimiento que siempre lo ha caracterizado, lo cual ha sido revelado por Eusebio de una manera que ha hecho brotar más de una lágrima en los hogares de Cuba.

Es risible, pero sobre todo muy triste, escuchar decir que Fidel Castro ha aumentado su fortuna personal con las ganancias provenientes de la venta de vacunas, productos farmacéuticos, o del Palacio de las Convenciones, de La Habana, cuando el Jefe de la Revolución ha salvado a decenas de miles de niños con vacunas donadas por el país, en un gesto de infinito amor, y ayuda a preservar la salud de los más pobres en países de Asia, África y América Latina.

El servicio a la humanidad es lo que ha caracterizado al Presidente cubano. Concepción Campa lo ha asegurado refiriéndose a él: "Todos los cubanos somos multimillonarios porque usted nos ha enseñado que las personas no valen por lo que tienen, sino por lo que son y por lo que hacen", dijo la científica con la voz tomada por la emoción.

Y cuánta razón encierran sus palabras, que recogen el sentir de la inmensa mayoría de este pueblo.

¡Qué gesto más bello y humano aquel de Fidel de donar más de un millón de vacunas producidas en Cuba ante la epidemia que azotaba a Uruguay cuando su población sufrió de meningitis, lo cual hizo posible enfrentar la enfermedad y salvar miles de vida! En aquel entonces el gobierno del país suramericano patrocinaba una propuesta contra la Isla en la Comisión de Derechos Humanos y Fidel no dudó un momento en ayudar a los necesitados, sin pensar en nada más.

¿Y los más de 100 mil médicos que Cuba forma en América Latina? ¿Y los más de cinco millones de latinoamericanos que serán operados de la vista por especialistas de la Isla? ¿Y los 25 mil profesionales cubanos de la salud que prestan servicios gratuitamente en numerosas naciones? ¿Y los dos mil 556 médicos enviados a Pakistán, a raíz del terremoto ocurrido el ocho de octubre, país al cual se le donaron 30 hospitales de campaña? ¿Por qué no hablan de eso?

El propio Fidel lo ha dicho: "Lo que tenemos son 100 mil millones de dólares de capital humano". Y eso no lo pueden soportar ni Bush ni sus seguidores.

José Martí, Héroe Nacional de Cuba, lo dijo y Concepción Campa lo parafraseó: los enemigos no soportan el prestigio de quienes brillan por la obra de su vida. Y ante la calumnia, la científica cubana escogió una frase contundente de Martí, que desmenuza cualquier mentira: "Las verdades reales son los hechos".

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El cumpleaños 210 de mi ciudad

El cumpleaños 210 de mi ciudad

El 210 cumpleaños de la fundación de mi ciudad de Las Tunas, es ocasión propicia para transformar la capital de esta oriental provincia cubana de igual nombre, y parabien de los tuneros son diversas las obras y proyectos que se ejecutan en saludo a la efeméride.

Para la reanimación de los espacios culturales, recreativos y de servicios, se trabaja en la restauración de centros y viviendas edificadas en las primeras décadas del siglo XVIII, que perduran con su arquitectura mayormente ecléctica, a pesar del paso del tiempo.

Como Capital de la escultura cubana, esta ciudad recibe con beneplácito la restauración de sitios emblemáticos como la Fuente de las Antillas, y otras obras de las artes plásticas que le dan un toque de distinción al entorno.

Las restauraciones y reparaciones llegan también a escuelas, el Parque 26 de Julio, restaurantes, y otros establecimientos ubicados no solo en el centro histórico de la ciudad (a unos 670 kilómetros de La Habana), sino en lugares apartados y repartos.

En sus inicios este territorio fue una comarca que comenzó a poblarse lentamente con el desarrollo de su economía. En 1603 se formó el primer hato y en 1709 se construyó una iglesia, alrededor de la cual comenzó a fomentarse el poblado que finalmente dio lugar al pueblo en 1796, al que bautizaron con el nombre de Las Tunas, por la abundante existencia de ese cactus en la zona.

Durante las guerras independentistas del siglo XIX Las Tunas fue quemada tres veces, y por eso en su entorno prevalece la arquitectura ecléctica, porque las edificaciones coloniales fueron reducidas a cenizas en su mayoría.

El 30 de septiembre se toma como fecha de creación de Las Tunas, que clasifica como Ciudad de Primer Orden desde la década del 80 del pasado siglo.

Historia de un encuentro imprescindible

Historia de un encuentro imprescindible

Foto: Félix Arencibia

Cuatro semanas unieron a Latinoamérica.

Hijos de varios de sus países confraternizaron en una simbiosis que se repite una y otra vez cada año, mediante encuentros que hacen más bellas y creíbles estas tierras cautivantes, en los que se respira el aire que una vez servirá de guía para nuestros pueblos, en el afán de lograr un mundo mejor.

Bolivia emergió de las profundidades del sur para alzarse cual símbolo de una tierra que es historia, por donde pasó una vez un hombre que ayudó a su inmortalidad. Cinco de sus hijos vinieron con sus mochilas cargadas de ideas, con la idiosincrasia del indio y del oriental, con la sabiduría del que solo quiere aprender y aportar su modesta experiencia, de discutir un concepto, una idea, para enriquecerla más. Y lo lograron. Walter, siempre jovial y echándose a todos en los bolsillos, Grover, en constante búsqueda de lo prohibido, Daniel, callado pero preciso, Eduardo, filosófico en sus planteamientos, y Yashira, con su figura de princesa nativa, ganaron no solo por representación numérica, sino por sus aportes.

Nicaragua nos regaló a uno de sus mejores exponentes. Casi un niño en edad y maduro en ideas, Carlitos fue admirado y querido por el grupo, como alguien imprescindible a la hora de buscar un concepto y del diálogo informal sobre los problemas comunes, sobre los avatares de Centroamérica, o sobre las muchachas que constituyen una de sus pasiones, sino la más importante.

Del lejano Paraguay nos llegó Raquel, joven y bella, atractiva y cautivante, no solo por su físico, sino por su palabra. En ella se refleja la modestia de quienes saben amar y luchar, de los que construyen, aun en medio de las más difíciles condiciones; de quienes tienen la certeza de que todo tiempo futuro debe ser mejor y de que Cuba es ahora más que una isla alejada en la distancia, una realidad palpable, quizás cumbre de amores que la harán regresar.

La cintura del mundo se ciñó un poco el cinto hasta alcanzar este pedazo de cielo y mar. Ecuador mostró su inteligencia a través de la impresionante July, incalculable en sus rápidos pensamientos, siempre con su alegría contagiosa y su afilado sentido del humor para hacer más cortos los días. Y Mario, afable y bonachón, amigo y compañero que plasma su huella como alguien que pasa por la vida dejando una estela de buenas impresiones.

Costa Rica también estuvo a su altura. Meditabundo y quizás cauteloso a la hora de emitir sus juicios, Luis arrastra no solo sus rr sino sus buenos pensamientos y opiniones hasta el momento exacto, hasta la hora precisa, para lograr un clima de compañerismo aun cuando parece que está ausente del lugar que ocupa.

Y República Dominicana. ¡Ah, Dominicana! ¡Cómo se parecen sus mulatas a las nuestras! ¡Cómo en cuerpos tan pequeños caben tanta belleza! Riamny fue la atracción de profesores y estudiantes, no solo por su físico, sino por su carisma, por su paciencia para escuchar proposiciones y por su exactitud en el debate y a la hora de opinar sobre periodismo literario o sobre el pensamiento martiano. Angelita, su compatriota, es la calma misma, y su aspecto del más allá despertó la curiosidad de más de uno.

Y no podría faltar Cuba, el país anfitrión, con su delicadeza para con los visitantes, siempre alegre y hospitalaria, con virtudes que superaron con creces sus defectos al decir de nuestros hermanos.

Fueron muchas las individualidades en la representación de la mayor de las Antillas. Mas no puede dejarse de mencionar a José Luis, carismático y compañero, siempre al tanto de cualquier detalle del grupo, o a Ventura, el honorable, jefe de grupo modesto que se ganó el respecto y la admiración de sus condiscípulos; o a Yurian, alegre y  siempre a la caza de un buen momento para alejar la nostalgia de los demás, o a Tania, silenciosa pero notable por su belleza, o al pequeño René, quien parece haber nacido corriendo por su constante intranquilidad...

Cuatro semanas unieron a Latinoamérica.

Y esto gracias al Instituto Internacional de Periodismo José Martí, de La Habana, que ofreció un diplomado más sobre la forma de unir a nuestros pueblos, de lograr que ese pensamiento e idiosincrasia comunes puedan moldearse con sabiduría para demostrar que una América Latina mejor es posible.

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