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11/06/2005
Errores de concepto
Ocurrió en un centro turístico del oriente del país.
Una adolescente de poco más de 16 años, romanceaba en la piscina con un hombre de unos 60, al parecer europeo, lo que suscitó la afirmación de una mujer convertida en espectadora: “eso es culpa de este sistema”.
Y tuve que salirle al paso.
Es muy simplista culpar a nuestro sistema social de la insuficiente educación e inmoralidad de determinadas familias, cuando miles, decenas de miles, cientos de miles de ejemplos demuestran la falsedad de esta afirmación.
Al margen de que es en el capitalismo en el que más arraigada y diseminada está la prostitución, en cualquier sistema esto depende en buena medida de la educación y formación que han recibido las personas en sus senos familiares.
Es difícil que alguna muchacha con una educación esmerada caiga en esta deshonra, que marcará para siempre a sus practicantes, porque como aseguraba el Héroe Nacional de Cuba José Martí, "la pobreza pasa, lo que no pasa es la deshonra que con el pretexto de la pobreza echan algunos sobre sí".
Y esta práctica no depende totalmente de los problemas económicos como también aseguran algunos, lo que se demuestra a diario en todos los sectores de nuestra sociedad. Depende, eso sí, de una aberración en la formación de sus practicantes, en una pérdida o carencia de valores éticos y morales, en la ambición personal de pasar algunos ratos sobre un auto o en algún lugar turístico y a cambio de unos pocos billetes.
Durante todos estos años de auge del turismo en Cuba se cuentan por miles las jóvenes que han cursado y cursan sus estudios universitarios con una modesta suma de dinero cubano en sus mochilas, con uno o dos pitusas, modestos zapatos y viajando los fines de semana para recorrer las largas distancias que las separan de sus casas.
Incluso, he sido testigo de la actitud de muchachas que no han aceptado por nada del mundo un aventón en un carro de turismo cuyos ocupantes les han parado con buenas intenciones para llevarlas, porque saben a lo que se exponen desde el punto de vista moral al montarse en uno de esos vehículos, muchas veces con gentes inescrupulosas.
También se cuentan por miles las jóvenes profesionales, técnicas, y obreras calificadas que día a día se enfrentan con entereza a la escasez, y llevan adelante el desarrollo del país en los diferentes sectores, convencidas de que cada tiempo futuro será siempre mejor.
Por suerte, quienes culpan al sistema por estas actitudes deben saber que están errados en su concepto. Por cada jinetera hay miles de muchachas honradas en Cuba. ¡Por suerte!
Una adolescente de poco más de 16 años, romanceaba en la piscina con un hombre de unos 60, al parecer europeo, lo que suscitó la afirmación de una mujer convertida en espectadora: “eso es culpa de este sistema”.
Y tuve que salirle al paso.
Es muy simplista culpar a nuestro sistema social de la insuficiente educación e inmoralidad de determinadas familias, cuando miles, decenas de miles, cientos de miles de ejemplos demuestran la falsedad de esta afirmación.
Al margen de que es en el capitalismo en el que más arraigada y diseminada está la prostitución, en cualquier sistema esto depende en buena medida de la educación y formación que han recibido las personas en sus senos familiares.
Es difícil que alguna muchacha con una educación esmerada caiga en esta deshonra, que marcará para siempre a sus practicantes, porque como aseguraba el Héroe Nacional de Cuba José Martí, "la pobreza pasa, lo que no pasa es la deshonra que con el pretexto de la pobreza echan algunos sobre sí".
Y esta práctica no depende totalmente de los problemas económicos como también aseguran algunos, lo que se demuestra a diario en todos los sectores de nuestra sociedad. Depende, eso sí, de una aberración en la formación de sus practicantes, en una pérdida o carencia de valores éticos y morales, en la ambición personal de pasar algunos ratos sobre un auto o en algún lugar turístico y a cambio de unos pocos billetes.
Durante todos estos años de auge del turismo en Cuba se cuentan por miles las jóvenes que han cursado y cursan sus estudios universitarios con una modesta suma de dinero cubano en sus mochilas, con uno o dos pitusas, modestos zapatos y viajando los fines de semana para recorrer las largas distancias que las separan de sus casas.
Incluso, he sido testigo de la actitud de muchachas que no han aceptado por nada del mundo un aventón en un carro de turismo cuyos ocupantes les han parado con buenas intenciones para llevarlas, porque saben a lo que se exponen desde el punto de vista moral al montarse en uno de esos vehículos, muchas veces con gentes inescrupulosas.
También se cuentan por miles las jóvenes profesionales, técnicas, y obreras calificadas que día a día se enfrentan con entereza a la escasez, y llevan adelante el desarrollo del país en los diferentes sectores, convencidas de que cada tiempo futuro será siempre mejor.
Por suerte, quienes culpan al sistema por estas actitudes deben saber que están errados en su concepto. Por cada jinetera hay miles de muchachas honradas en Cuba. ¡Por suerte!
11/06/2005 00:21 Enlace permanente. No hay comentarios. Comentar.
Cosas del alma
Tengo un amigo que hace 12 meses se fue en busca del sueño americano.
“Me voy para mejorar económicamente”, le dijo un día a todos y dejó atónitos a quienes lo conocíamos de cerca.
Mi amigo era aquí un cirujano reconocido, con un prestigio ganado desde las aulas del Instituto Superior de Ciencias Médicas, y un reconocimiento social muy grande. Mas, así y todo decidió buscar fortuna en el norte.
Pocos días antes de marcharse, aseguraba a sus amistades que en cuanto llegara a Miami comenzaría a trabajar en la clínica de un primo, y después de un corto tiempo, revalidaría su título para laborar legalmente como médico.
Al cabo de estos 12 meses, las últimas noticias que llegan por otros cubanos que viven allá y vienen de visita a Las Tunas, es que está laborando como empleado en un centro de salud, en espera de hacer todo cuanto había previsto.
“Él está decepcionado, y más que decepcionado frustrado por no poder trabajar en lo que constituye su vida: la medicina, y en especial la cirugía”, ha dicho un amigo que acaba de llegar de Miami.
Dice que cada día, cuando llega a su casa, la nostalgia lo envuelve. Hasta ahora todo cuanto pensó y le prometió su primo no ha podido ser. Su frustración es muy grande y constantemente expresa su añoranza por Cuba. Él no entiende que no pueda trabajar en su profesión, que no pueda realizar las brillantes operaciones que hacía en el hospital Ernesto Che Guevara, que no tenga el reconocimiento social del cual gozaba aquí.
“Si vivir bien es tener una casa con comodidades, un automóvil, mucha ropa y abundancia en la cocina, yo vivo bien, pero ¿y lo demás?”, confiesa en una carta a su hermano.
Y entonces resulta increíble ver cómo una persona como él, que en Cuba tenía su casa, un auto y no le faltaba la comida ni la ropa, esté completamente frustrado porque carece de muchas cosas como persona, como ser social.
¿Será que la felicidad está más allá de lo material, donde nace y termina el alma?
“Me voy para mejorar económicamente”, le dijo un día a todos y dejó atónitos a quienes lo conocíamos de cerca.
Mi amigo era aquí un cirujano reconocido, con un prestigio ganado desde las aulas del Instituto Superior de Ciencias Médicas, y un reconocimiento social muy grande. Mas, así y todo decidió buscar fortuna en el norte.
Pocos días antes de marcharse, aseguraba a sus amistades que en cuanto llegara a Miami comenzaría a trabajar en la clínica de un primo, y después de un corto tiempo, revalidaría su título para laborar legalmente como médico.
Al cabo de estos 12 meses, las últimas noticias que llegan por otros cubanos que viven allá y vienen de visita a Las Tunas, es que está laborando como empleado en un centro de salud, en espera de hacer todo cuanto había previsto.
“Él está decepcionado, y más que decepcionado frustrado por no poder trabajar en lo que constituye su vida: la medicina, y en especial la cirugía”, ha dicho un amigo que acaba de llegar de Miami.
Dice que cada día, cuando llega a su casa, la nostalgia lo envuelve. Hasta ahora todo cuanto pensó y le prometió su primo no ha podido ser. Su frustración es muy grande y constantemente expresa su añoranza por Cuba. Él no entiende que no pueda trabajar en su profesión, que no pueda realizar las brillantes operaciones que hacía en el hospital Ernesto Che Guevara, que no tenga el reconocimiento social del cual gozaba aquí.
“Si vivir bien es tener una casa con comodidades, un automóvil, mucha ropa y abundancia en la cocina, yo vivo bien, pero ¿y lo demás?”, confiesa en una carta a su hermano.
Y entonces resulta increíble ver cómo una persona como él, que en Cuba tenía su casa, un auto y no le faltaba la comida ni la ropa, esté completamente frustrado porque carece de muchas cosas como persona, como ser social.
¿Será que la felicidad está más allá de lo material, donde nace y termina el alma?
11/06/2005 00:22 Enlace permanente. No hay comentarios. Comentar.

